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Consumo de hormonas

Una hormona es una sustancia química secretada en los lípidos corporales por una célula o un grupo de células, que ejercen un efecto fisiológico sobre otras células del organismo. Es decir, las hormonas controlan numerosas funciones corporales.

Dichas hormonas van a todos los lugares del cuerpo por medio del torrente sanguíneo, hasta llegar a su lugar indicado y de esta manera se producen cambios, como por ejemplo la aceleración del metabolismo, incremento del ritmo cardiaco, mayor producción de leche y el desarrollo de órganos sexuales y otros.

Entre las funciones que controlan las hormonas, habría que señalar las actividades de órganos completos, su crecimiento y desarrollo, reproducción, definición de características sexuales, el uso y almacenamiento de energía y mejorar los niveles en la sangre de líquidos, sal y azúcar.

El hígado y los riñones desempeñan un papel fundamental en la depuración y excreción de estas hormonas, pero poco se sabe acerca del proceso detallado de su metabolismo. Las encargadas de producir las hormonas son las glándulas endocrinas. Dentro de ellas, el primer lugar lo ocupa la hipófisis o glándula pituitaria, que es un pequeño órgano de secreción interna localizado en la base del cerebro, junto al hipotálamo.

Tiene forma ovoide (de huevo) y mide poco más de 10 milímetros. A pesar de ser tan pequeñísima, su función es fundamental para el cuerpo humano, por cuanto tiene el control de la secreción de casi todas las glándulas endocrinicas.

En cuanto al uso de hormonas artificiales, la prohibición en cuanto a su empleo se fundamenta en los riesgos potenciales para la salud de los consumidores. De entre las diferentes sustancias empleadas, se ha demostrado que algunas tienen un riesgo real para la salud de los consumidores.
Sin embargo, las moléculas con acción hormonal parecía que era las que menores peligros tenían para la salud de las personas. Estas sustancias, entre las que podemos destacar aquellas con acción hormonal femenina o masculina, han de ser suministradas a los animales y ejercer su acción, pero no podemos olvidar que con el tiempo se van metabolizando, por lo que van perdiendo su acción farmacológica.

Pero, ¿cuál es la consecuencia? Que las concentraciones reales que llegan a las personas con la carne son inferiores a las que supondrían una acción farmacológica concreta. Es decir, no se ven los síntomas propios tras la ingestión como es un cierto incremento del apetito, incremento del peso y, en algunos casos, mayor actividad sexual. También se puede incrementar el vello, modificaciones relacionados con caracteres sexuales secundarios, entre otros.

En este sentido, destaca más la intoxicación crónica que la aguda. No obstante, el efecto tóxico no es muy evidente, debido a que el consumo de sustancia con acción hormonal se ha relacionado como preventivo respecto a la aparición de algunos tumores y claramente relacionado con la aparición de lo que se denomina tumores hormonodependientes, como son los tumores de próstata y vejiga en el hombre, y los de pecho y útero en mujeres.

Además, se ha relacionado con la aparición de casos de infertilidad. En cualquier caso, hay que resaltar que hoy en día son sustancias consideradas ilegales en la Unión Europea y debería controlarse su administración, así como la producción y puesta en el mercado de las mismas.

Por último, desde el punto de vista meramente productivo, es evidente que su empleo no es esencial. Es decir, los animales (y el ser humano) no necesitan estas sustancias para engordar. Tan sólo se necesita comer cierta cantidad de energía, proteínas, lípidos, hidratos de carbono y otros nutrientes esenciales.

Fuente: www.clubmantenteenlinea.com

 

 

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